Sabor Ibérico

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Del campo a la mesa de Navidad: Sabor Ibérico nos desvela el recorrido completo del jamón ibérico de alta gama

La marca especializada en productos gourmet, 100% marca España, nos explica, junto con Dehesa de Solana, uno de sus proveedores más premium, el ciclo completo que garantiza la excelencia en uno de los productos estrella de las fiestas.

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Se acerca la Navidad, y en estas fechas, el jamón ibérico ocupa un lugar central en mesas, celebraciones y cestas navideñas. Pero detrás de cada pieza de calidad superior hay un proceso técnico, complejo y exigente que comienza mucho antes, en el entorno natural donde nacen y se crían los cerdos ibéricos.

Dehesa de Solana, modelo de referencia en producción ganadera en Extremadura, y Sabor Ibérico, la marca madrileña especializada en productos de origen y alta trazabilidad, desvelan la cadena de valor completa del jamón ibérico de bellota que llega a los hogares españoles por Navidad. 

Raza y entorno: el punto de partida para un producto excepcional 

El primer eslabón en la calidad del jamón ibérico reside en la genética del animal, un aspecto clave para garantizar las características que definen al producto. Javier Hidalgo, responsable técnico de Dehesa de Solana, lo explica con claridad:

“La genética es la base: un cerdo ibérico tiene una capacidad de infiltración grasa muy superior, lo que se traduce en una textura untuosa y un sabor más persistente y complejo.”. 

Esa cualidad genética se combina con un entorno privilegiado: la finca Dehesa de Solana, ubicada en el Parque Natural del Tajo Internacional, dispone de más de 700 hectáreas de encinares y alcornoques, con una densidad óptima para el aprovechamiento de la bellota durante la montanera.

“En la montanera, el cerdo vive en libertad, se desplaza varios kilómetros al día y se alimenta de bellota, pasto y hierbas. Todo esto influye directamente en el perfil sensorial del jamón”, añade Hidalgo. 

Curación prolongada: cuando el tiempo es un ingrediente más 

El siguiente paso es el proceso de elaboración y curación, que en el caso de Dehesa de Solana se extiende hasta los cinco años desde el nacimiento del animal. “Somos una de las pocas empresas que controlan todo el ciclo: desde el nacimiento hasta el etiquetado del jamón. No hay ningún salto intermedio, y eso nos permite ser rigurosos en cada fase”, destaca Sonsoles Peyró, CEO de la finca.

Tras el sacrificio, las piezas se someten a un salado controlado y una curación lenta en secaderos naturales. Este punto es clave para conseguir un producto equilibrado. 

“El jamón ibérico de calidad no se puede forzar. Cada pieza tiene su tiempo, y respetarlo es esencial para que el sabor se desarrolle de forma natural, sin agresividad ni exceso de sal”, indica Hidalgo. 

Esta fase de curación es supervisada mediante controles técnicos y sensoriales que permiten garantizar la gran calidad de las piezas que llegan al consumidor final. 

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Selección, distribución y trazabilidad: de la finca a la mesa navideña 

Ahí es donde entra en juego Sabor Ibérico, el agente especializado que conecta esa excelencia con el consumidor final. Su papel es garantizar que lo mejor del campo se traduzca en producto listo para su consumo, en formatos y presentaciones adaptadas a cada canal: restauración, tienda gourmet o regalo corporativo. 

“Seleccionamos productores que no solo tengan un buen jamón, sino que trabajen con estándares técnicos y trazabilidad total. Queremos que lo que sale de nuestros almacenes responda siempre a los mismos valores: calidad, eficacia y confianza”, explica Alberto Mancebo, socio de Sabor Ibérico, y el encargado de seleccionar, una a una todas las piezas que la marca pone a disposición del cliente final. 

En campaña navideña, esa fiabilidad es aún más crítica. Cada cesta, cada pieza vendida en tienda o por la web, debe responder a una promesa de excelencia, tanto en origen como en experiencia.

“La Navidad es nuestro momento más exigente, pero también el más emocionante. No vendemos solo un producto, vendemos el resultado de años de trabajo. Cuando alguien elige una pieza de Dehesa de Solana a través de Sabor Ibérico, se está llevando mucho más que un jamón”, concluye Mancebo. 

Una alianza que garantiza origen, trazabilidad y excelencia

La colaboración entre Dehesa de Solana y Sabor Ibérico se ha convertido en un modelo de referencia para el sector agroalimentario premium. Ambas marcas comparten una misma visión: ofrecer al consumidor un producto que sea fiel a su origen, técnicamente impecable y con un relato que va más allá del sabor.

En Navidad, el jamón ibérico de alta gama se reafirma como el símbolo perfecto de lo auténtico, lo artesanal y lo excepcional. Y detrás de ese símbolo hay ciencia, territorio, saber hacer y empresas que trabajan para mantener viva esa cadena, del campo a la mesa.