Las jornadas de cocina de montaña han celebrado los días 1 y 2 de marzo una edición única, a pie de pistas, con chefs de los Pirineos como Eli Farrero, Marcos Pedarròs o Mariano Gonzalvo, y una clausura de lujo a cargo del chef de Disfrutar***.
Hoy ha cerrado sus puertas la 11ª edición de GastroPirineus, unas jornadas que este año han demostrado más que nunca su transversalidad llevando a cocineros de un lado a otro de los Pirineos hasta pie de pistas, en la Estación de Boí Taüll. Durante dos intensas matinales (domingo y lunes), los fogones han estado encendidos y han convivido con el sonido constante de las bajadas de los esquiadores, en una edición única, celebrada a 2.035 m de altitud y con las pistas abiertas. Una edición singular, donde la cocina se ha integrado literalmente en el paisaje de alta montaña, demostrando que el territorio no es escenario, sino protagonista.

Han sido unas jornadas de cocina de montaña, de producto, de raíz, pero también de alta cocina de vanguardia, como la que ha llevado al escenario de GastroPirineus Oriol Castro, encargado de poner hoy el broche de oro del certamen. El chef de Disfrutar*** ha demostrado por qué el restaurante que colidera junto a Mateu Casañas y Eduard Xatruch es uno de los mejores del mundo. Sus platos de altura han redondeado dos jornadas en las que se han podido ver —y en muchos casos, también degustar— recetas y elaboraciones arraigadas a la tierra y al territorio, pero también inspiradas en la alta montaña, como el plato inédito que ha presentado y con el que ha sorprendido a todos, inspirado en la lana del rebaño y que todavía está en pleno desarrollo junto al equipo del restaurante.
Cocineros del territorio
La jornada inaugural, el domingo, arrancó con Eli Farrero (El Ventador, Barruera), que reivindicó “La despensa del Pirineo” como espacio de memoria y creatividad, demostrando que conservar y transformar el producto es también una manera de innovar desde la raíz. La chef hizo un gran despliegue de conservas caseras y demostró que su cocina, aunque aparentemente sencilla, está meditada y muy bien trabajada.
A continuación, Míriam Oliva (L’Aüt, Erill la Vall) defendió una cocina honesta y de kilómetro cero, profundamente vinculada a los productores de la Vall de Boí, una cocina que respira territorio y respeto por el ritmo natural. La cocinera presentó, junto a Eric Vicent, de la explotación ganadera Ca l’Alguaira, un meloso de ternera con setas, una receta de raíz tradicional, que nunca pasa de moda.
También el proyecto Ramats de Foc, de la mano de Pere Malagelada y Jaume Font, aportó una mirada necesaria sobre la ganadería sostenible y su papel en la preservación del paisaje, evidenciando que cocinar también es gestionar territorio. Ambos presentaron, además del cordero en conserva, que ya hace meses comercializan con Pibernat, el nuevo paté de cordero, una novedad que acaban de lanzar al mercado, acercando aún más la carne de Ramats de Foc a todo el mundo. Una sesión realizada con la complicidad de Girona Excel·lent. Por su parte, Axier Arbilla (Arbeletxe, La Seu d’Urgell) puso el foco en los quesos y mantequilla Cadí y en la importancia de los lácteos dentro de la cocina de alta montaña actual, con un arroz de montaña y una fondue.
Uno de los momentos más cercanos y sabrosos de GastroPirineus 2026 lo pudieron disfrutar —y degustar— los esquiadores y esquiadoras de Boí Taüll. Ana Maria Estop y Josep Lluís Porte Estop, de la carnicería Porte Estop de Vilaller (Alta Ribagorça), llevaron hasta las pistas la escudella que les hizo ganar el primer Concurso Nacional de Pilota y Butifarra Negra para Escudella del Fòrum Gastronòmic de Girona.
La guinda del pastel de la primera jornada corrió a cargo del maestro pastelero Oriol Balaguer, que convirtió el escenario de GastroPirineus en un paisaje dulce de alta montaña. Con cuatro creaciones concebidas especialmente para la ocasión —dos de ellas inéditas—, Balaguer reinterpretó la nieve en forma de azúcar y modeló montañas como si fueran rocas comestibles de chocolate, frutos secos y delicados bizcochos. No fue solo una demostración técnica impecable, sino una declaración de intenciones: la pastelería también puede explicar territorio, emocionar y dialogar con el paisaje con la misma profundidad que cualquier gran plato salado.
Segunda jornada de altura
La segunda jornada se abrió con el chef y ecologista Sergi de Meià, que compartió el modelo de la Fundació Coma de Meià y su apuesta por un desarrollo rural arraigado a la filosofía Slow Food, demostrando que sostenibilidad y alta cocina pueden avanzar juntas.
Desde la Vall d’Aran, Marcos Pedarròs (Er Occitan, Bossòst) reivindicó la solidez de la tradición occitana con el queso como eje central, mientras que Mariano Gonzalvo (Lo Paller de Coc, Surp) defendió “la dificultad de lo sencillo”, recordando que la cocina tradicional, cuando está bien ejecutada, sigue siendo una de las expresiones más honestas y potentes de la gastronomía.
El recorrido se completó con la intervención de Patrick Torrent, director ejecutivo de la Agència Catalana de Turisme, que presentó el proyecto Grand Tour de Catalunya, conectando paisaje, patrimonio y gastronomía en una estrategia clara de proyección internacional del territorio.
Gastronomía también en la mesa
GastroPirineus 2026 también se ha vivido fuera del escenario principal. La Cena de país, celebrada en el restaurante L’Aüt, reunió la noche del domingo a diferentes cocineros participantes (Eli Farrero, Míriam Oliva, Sergi de Meià y Oriol Balaguer) en una velada dedicada al producto y al paisaje. Una cena que vivió también uno de los momentos más inolvidables del certamen, cuando el chef pastelero Oriol Balaguer descubrió la escultura de chocolate inspirada en las iglesias románicas de la Vall de Boí y las montañas nevadas llenas de esquiadores.

Y finalmente, esta noche, la Cena de las Naciones, organizada por Boí Taüll y el SCIJ (SKi Club International des Journalistes) y elaborada por el restaurante El Fai de Taüll y Farré d’Avall de Barruera, redondearán las jornadas con una oda a los platos del territorio, confirmando el carácter colectivo y celebrativo del certamen.
Organizadas con el apoyo de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) como patrocinador principal, junto con el Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació de la Generalitat de Catalunya, las Diputaciones de Girona y Lleida, los Consejos Comarcales de l’Alt Urgell, l’Alta Ribagorça y la Cerdanya, así como el IDAPA, las jornadas de cocina de los Pirineos han reafirmado este año el compromiso con la proyección del Pirineo, de sus productores y de sus cocineros. El certamen también ha contado con la colaboración de firmas como Arroz Bayo, Estrella Damm, Cadí, Castey, la DOP Oli Terra Alta y el Grupo Rull, marcas vinculadas a la calidad y al producto, que contribuyen a fortalecer el vínculo entre gastronomía, territorio y excelencia.
Un respaldo coral que consolida GastroPirineus como el gran escaparate de la cocina de alta montaña y como una plataforma estratégica de proyección del Pirineo contemporáneo. Nacidas en 2016 de la mano de GastroEvents, a lo largo de esta década, las jornadas han recorrido diversas comarcas pirenaicas y han contado con la participación de algunos de los nombres más destacados de la gastronomía catalana, como Joan Roca, Carme Ruscalleda o Fina Puigdevall, entre muchos otros, convirtiéndose en un escaparate de referencia.

