Cada primavera ocurre lo mismo: las barras vuelven a llenarse de un pincho pequeño en tamaño pero enorme en carácter. La gilda, el icónico bocado nacido en San Sebastián en los años 40, vuelve a ocupar su lugar como uno de los grandes protagonistas del aperitivo.
Su fórmula es tan simple como infalible: una anchoa del Cantábrico, una piparra y una aceituna ensartadas en un palillo. Tres ingredientes que, juntos, crean uno de los equilibrios más reconocibles de la gastronomía española: salino, ácido y vegetal.

Pero si hay un momento perfecto para disfrutarla es ahora. Entre marzo y junio tiene lugar la costera de la anchoa del Cantábrico, cuando el pescado alcanza su mejor momento: más grasa, más sabor y la textura ideal para convertirse en la base de una gilda memorable.
El maridaje natural del aperitivo madrileño
Si hay una bebida capaz de acompañar este ritual sin robarle protagonismo, esa es el vermut con ginebra.
En Madrid, donde el aperitivo es casi una institución, el Yayo se ha convertido en uno de sus aliados naturales. Nacido de la tradición del aperitivo y pensado para disfrutarse sin prisa, su perfil aromático y equilibrado acompaña sin eclipsar.
Sus notas herbales y su amargor sutil encajan especialmente bien con la intensidad de la anchoa, el toque ácido de la piparra y la suavidad de la aceituna, creando un diálogo natural entre bocado y sorbo.
El resultado es el aperitivo en su forma más auténtica: una gilda, un vermut y una terraza al sol.
